CONVERSATORIO EL HELICOIDE EN EL MUSEO DE ARQUITECTURA,
Jueves 14 de Mayo de 2026 Ponente: Arq. Omar Seijas

Artista: Pedro Miguel Lollett
Helicoide: La soberbia que se impuso sobre el surrealismo de Dalí
Helicoide: La soberbia que se impuso sobre el surrealismo de Dalí Caracas, mayo (Prensa Cultura / Teresa Quilez).– Olvídense de los relojes blandos, de los elefantes sobre patas de insecto y de las visiones oníricas del genio de Figueres.
El surrealismo estético se quedó corto en la Roca Tarpeya. Sobre el lienzo de concreto caraqueño no se impuso el arte conceptual; se impuso la soberbia : esa implacable realidad donde una arquitectura magnífica y futurista termina arropada por el devenir de su entorno y las dinámicas de la historia que visten de museo y bunker policial algo que se concibió como punto de esparcimiento y encuentro.
¿Sabías que el mismísimo Salvador Dalí ofreció su ingenio para ornamentar el Helicoide? Así lo develó el reconocido arquitecto Omar Seijas durante una reveladora charla dictada en el Museo Nacional de Arquitectura Juan Pedro Posani.
Dalí, fascinado por la estructura orgánica de la mole, quiso sumar su firma a esta acrópolis, tal como lo hizo en la cinematografía de Disney y Hitchcock, o en su místico juego de tarot. Pero la realidad local tenía preparado un guion mucho más rudo que cualquier delirio daliniano. El proyecto quebró, la fantasía mutó y la espiral se convirtió en un laberinto ciego.
Durante su intervención, Seijas —cuya trayectoria fue reconocida en el II Salón de Arquitectura (Valencia, 2000)— realizó un viaje de contrastes profundos. El recorrido inició desde los padres de la idea y la efervescencia urbana de los años 50, una época de opulencia que parió joyas como la Concha Acústica de Bello Monte, el Club Táchira, el Hotel Humboldt, la Torre Polar y el Aula Magna de la UCV. El Helicoide iba a ser la corona de ese petromodernismo: un titán con tiendas, guarderías, gimnasios, restaurantes, auto lavados, hoteles, ascensores inclinados para 96 personas y una estación de radio en su cúpula. Inclusive de sus 320 locales figuraba el célebre músico y compositor Aldemaro Romero, entre los primeros compradores de los 180 espacios vendidos.
Concebido como el primer "Edificio-Vía" del mundo por los arquitectos Jorge Romero Gutiérrez, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst, la estructura desafió la ingeniería global gracias a un revolucionario diseño que integraba dos rampas —una de subida y otra de bajada— de 2 km cada una.

Esta proeza geométrica llegó a exhibirse con orgullo en el MOMA de Nueva York. Irónicamente, Seijas relató que esa fue la última vez que se disfrutó de los planos originales; a su regreso al país, con el paso del tiempo terminaron en una bolsa y extraviados. El primer síntoma del abandono.
A pesar de la creencia popular, Seijas enfatizó que El Helicoide fue un proyecto 100% privado. Sin embargo, la caída de la dictadura en 1958 selló su destino. La naciente democracia ignoró sus bondades y lo asoció erróneamente al régimen anterior, un estigma político que terminó ahuyentando incluso al magnate Nelson Rockefeller, quien se había interesado en adquirirlo.
El edificio que magnetizó a intelectuales como el poeta Pablo Neruda —quien lo calificó como una de las creaciones más exquisitas del hombre— y al maestro Oscar Niemeyer, sufrió un vuelco histórico. La soberbia transformó la utopía de vanguardia en la realidad que hoy leemos en la desgarradora publicación: “El descenso del Helicoide: de centro comercial a prisión”, autoría de Celeste Olalquiaga y Lisa Blackmore. Un proceso que cambió para siempre su destino, pasando de hito cultural a ícono político.

Seijas en el preámbulo del cierre de su intervención dijo una frase lapidaria: "El edificio no es el culpable...". Con ese contundente axioma exhortó a un Concurso de Ideas que rescate esta joya arquitectónica respetando su diseño original para devolverle a Caracas su "Utopía de concreto".
Finalmente, concluyó "el Helicoide reclama su lugar como patrimonio cultural de Venezuela" . Es una estructura nacida de la propia montaña que pasó de símbolo del progreso a reflejo de las complejas transformaciones del país; un recordatorio permanente de que la realidad urbana es capaz de superar cualquier ficción artística. (FIN/ Teresa Quilez) Instagram @t.quilez








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